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Causas de la hepatitis

Las causas de las Hepatopatías

Existen varias teorías para explicar el origen de las hepatitis o su progresión a formas crónicas, activas, a cirrosis o incluso a cáncer.

La teoria microbiana, culpa a una o más variantes de uno o varios de los ADN virus colonizadores de las vias biliares e hígado humanos, como el origen y progresión de las hepatitis. Por ahora se han aprendido a distinguir unas varias familias ( VHA, VHB, VHC, VHD, etc)denominadas 'virus hepatotropos humanos'.

Esta teoría, que es la básica admitida actualmente en los hospitales, nos dice que el VHA se transmite por saliva, agua, alimentos, etc y causa una hepatitis benigna y transitoria, mientras que los virus VHB, VHC y VHD se transmiten sólo por vio sanguínea o sexual y causan las hepatitis que pueden convertirse en más persistentes y peligrosas.

Aunque no lo niegan, las Medicinas Alternativas dan mucha menos importancia causal a los 'agentes' microbianos y a sus vias de transmisión y mucha más importancia a los factores que contribuyen, ya sea a la decadencia del 'terreno organico' (contaminación, stress y toxicidad ambiental e individual, productos inyectados, etc), ya sea al disparo de un inmunodeficit en periodos y zonas muy determinadas de organismo (impactos emocionales de determinado tipo, intensidad y repercusión). En cualquiera de los planos (biologico, emocional) un impacto brusco y masivo (inoculo por pinchazo, impacto emocional) o una serie de pequeños impactos repetidos, pueden precipitar un padecimiento hepatico.

Nadie niega que estos amplísimamente extendidos microorganismos, los virus hepatotropos, existentes desde millones de años en los vertebrados terrestres, jueguen algun papel en sus sistemas digestivos, pero numerosas contradicciones e interrogantes no pueden descartar que sean meros virus 'oportunistas' que se activan únicamente cuando el decaimiento del 'terreno' organico y/o una 'caida de defensas' espacio-temporalmente localizada permiten su proliferación en los hepatocitos y en los canalículos intra y extrabiliares.

Si los microbios fueran causa suficiente, los médicos, terapeutas y personal sanitario, que nos movemos entre un mar de microbios, seriamos los que más enfermaríamos; y, sin embargo, somos los que menos. Y algo parecido debería ocurrir entre animales predadores, carroñeros, etc; aunque, verdaderamente, ocurre lo contrario: ¡cogen muchas menos infecciones que los supervacunados animales domésticos y de granjas!.

En resumen: aunque estén por todas partes y sea casi imposible evitarlos, los microbios no harán nada si el terreno organico y las circunstancias emocionales no lo permiten.

La Medicina 'Holistica' considera todos los aspectos y planos que determinan al ser humano, considerado como un todo, y no sólo órganos o agentes parciales y aislados. Además de los productos que se puedan prescribir (naturales, con preferencia a los artificiales), es muy importante que el paciente cuide los factores dietéticos, ambientales y emocionales.

Las causas de las enfermedades son por lo comun multifactoriales. Y, por ello mismo, las terapias deben asimismo ser multifactoriales. Para detener la progresión de las hepatitis y lograr su desactivación y remisión son necesarios por lo comun varios sumandos. Son ciertamente necesarias determinada combinación, dosis y secuencia de fitoterapias eficaces; pero, aunque la medicina hospitalaria occidental contemporanea actualmente los desconsidere, son asimismo necesarios cuidados dietéticos, emocionales y de estilo de vida muy precisos. Es por ello que le pedimos que siga con atencion e interes todas las prescripciones que en Fitoterapia, Homeopatia, Medicina Ortomolecular y Normas de conducta le hemos indicado.
Por desgracia, si la enfermedad esta muy avanzada, el conjunto de todos estos sumandos resulta a veces insufciente, aunque en estos casos Ia suma total de actuaciones trabajará sin duda como el mejor de los paliativos posible.

LOS FACTORES PSICOEMOCIONALES DE LAS HEPATOPATIAS

Ciertos 'impactos emocionales' (uno o pocos, pero contundentes; o bien moderados, pero repetitivos) parecen repercutir especialmente en el higado, abriendo la puerta a las alteraciones funcionales, infecciones viricas, formacion de cálculos, etc.

Las medicinas antiguas de numerosas culturas consideraban al higado como sede de emociones y, en nuestras latitudes, la medicina hipócratica, islámica y medieval consideraba al higado como productor de dos de los cuatro 'humores' básicos del cuerpo (la bilis y la atrabilis), cuyo exceso se relacionaba con alteraciones emocionales muy precisas.
Aun hoy en dio el lenguaje popular utiliza frases como 'Hoy esta de mal humor', 'No le pongas piedras en el hígado', 'Está melan-cólico', 'El jefe esta echando bilis', etc, para recordar esta correlación largamente observada entre cierto tipo de emociones y las afectaciones hepáticas.

El tipo de emociones que parecen 'corporizarse' o 'somatizarse' en el hígado son las que los especialistas en comportamiento animal (etólogos) llaman 'CONFLICTOS TERRITORIALES'.Alguien nos disputa, o bien hemos perdido, un 'territorio', competencia, rol o función en algun sitio, en algo que consideramos 'nuestro'; y, eso, es algo que 'no podemos digerir', 'algo que nos carcome', decimos en estos casos, mientras giramos en pequeños círculos el puño cerrado sobre el hígado.

Para indicar 'rencor', sentimiento a menudo derivado de (los resultados de) los conflictos territoriales, también nos señalamos el hígado, y decimos sentir un 'odio visceral' y 'estar echando bilis' por algo o alguien que nos ha desplazado de nuestro territono'.

Otros tipos de emociones, como la añoranza y melancolia (de 'melanos'=negro, y 'colia'=bilis, en griego), o como '(el temor a la) falta de recursos para mí o para los míos', también ligadas a la 'pérdida del territorio', parecen asimismo repercutir en la aparicion y/o progresión de las hepatopatías.

Cuanto más sensible y vulnerable esté la persona a este tipo de impactos emocionales, y cuanto más inesperados, humillantes y repetitivos sean estos, mayor será la repercusión en determinada zona y órgano del cuerpo, en este caso el hígado. Esta repercusion es llamada "corporización" o "somatización" por la Medicina Psicosomática. La 'impotencia' actuativa ante los 'conflictos', el vivirlos en soledad y 'tragarlos', y la no expresión de los mismos son asimismo potentes y necesarios factores desencadenantes de la somatización y de la aparición y progresión enfermedad orgánica.

La intensidad y repercusión del impacto emocional realimenta a su vez la sensibilidad y vulnerabilidad de la persona a este tipo de conflictos, formando un círculo vicioso de hipersensibilidad ('rail'), que frecuentemente incrementa y perpetúa la enfermedad.

Para el caso del hígado, en las fases activas de este tipo de conflictos se producen espasmos biliares y agitación emocional. Y, en las fases de recuperación de los mismos, tras una caida local de las defensas inmunitarias, es cuando se producen las proliferaciones microbianas y cansancio: vemos entonces propagarse los virus hepatotropos, y destruirse los hepatocitos y canalículos biliares.

Todas estas alteraciones hepáticas, derivadas de los conflictos territoriales, se observan tambien en los mamíferos, y tienen un porqué o finalidad, sobre el que ahora no nos podemos extender.

Algunas hepatitis tienen su origen claro en un inóculo brutal de virus y viriones en la sangre del afectado (drogadictos intravenosos, pinchazos o transfusiones infectadas, etc). Y otras hepatitis tienen su origen en tóxicos evidentes (alcohólicos, industriales, medicamentosos, etc) para el hígado.

Pero en muchas otras hepatitis no encontramos una vía sexual, tóxica o sanguínea que las justifiquen, mostrándose sin embargo los conflictos emocionales en general y territoriales en especial que el paciente o sus familiares perciben casi siempre como stress o irritabilidad, sin mas.

Si el paciente intuye que este puede ser su caso, debe exponernos sus sospechas, a fin de que podemos analizar y aconsejarle respecto alas estrategias de EVITACION, de SUSTITUCION y de EXPRESION que debe realizar en este tipo de conflictos.

Los 'conflictos territoriales' son lesivos para el hígado y vias infra y extra biliares, ciertamente, pero pueden serlo a veces para la curvatura menor del estómago, el bulbo duodenal y el endotelio de las arterias coronarias, y algo tambien para el páncreas. Este tipo de conflictos y estas patologías (hepatitis, cirrosis, úlceras gastricas y duodenales, coronariopatías y pancreatitis) se dan más en hombres que en mujeres, pues sabido es que, a este respecto, los machos de los vertebrados terrestres son mucho más 'territoriales' que las hembras.

La Medicina Holistica es siempre psico somática, por defnición. Sin un adecuado cambio emocional y de estilo de vida, algunas hepatopatias no podían ser completa y establemente corregidas, aun cuando los otros aspectos del tratamiento (productos terapeúticos, dietas, etc) sean adecuadamente realizados.

CRITERIOS DE 'CURACION' DE UNA HEPATOPATIA

Cuando un incendio forestal se 'controla', primero desaparecen las llamas, despues los rescoldos y, por ultimo, el humo. Segun este símil, de la misma forma, cuando una hepatitis 'remite', primero desaparecen los signos y sintomas, despues las alteraciones bioquimicas, despues las alteraciones serologicas y la 'carga viral' cuantitativa determinada por PCR.

Remisión de signos y sintomas:

Cuando una hepatitis va remitiendo, lo primero que desaparece, si es que se han manifestado (lo que no suele ocurrir), son los signos y síntomas; primero los más intensos (hinchazón, picor, ictericia, etc) y despues los más leves y generales (cansancio, disminución de apetito, etc).

Remisión de las alteraciones bioquímicas:

A continuación, pero despues de cierto tiempo, van declinando las alteraciones bioquímicas (AFP, Bilirrubinas, Fosfatasas alcalinas, proteinograma, pruebas de coagulación, etc), si es que estaban anormales; y, por último, las Transaminasas (GOT, GPT, GGT, LDH).

La GOT (llamada tambien SGOT y AST) y, sobre todo, la GPT (llamada tambien SGPT y ALT), son las transaminasas más sensibles: pueden estar alteradas, aunque las demás pruebas bioquimicas no lo esten; pero, al contrario, difícilmente ocurre. Por ello, el control de los niveles de GOT y de GPT suele ser suficiente para el seguimiento de la remisión bioquimica de una hepatopatía: deberan descender por debajo de 70, si el paciente toma medicamentos o bebe, y por debajo de 40, si el hígado carece de carga detoxicadora. La evolucion de la GOT y la GPT es pulsatil en la hepatitis C por lo que, para su correcta valoracion de las fluctuaciones, habra que comparar 'picos' con 'picos' y 'valles' con 'valles' y su tendencia general.

A fin de controlar la evolución del proceso, conviene que Vd obtenga todos v cada uno de los valores existentes normales o no de las transaminasas, al menos de la GOT y de GPT, y los tabule ordenadamente por fechas: entreouenos una copia de esa tabla en la próxima visita, por favor.

Remisión de las alteraciones serologicas:

En las hepatitis que "se curan" (remiten totalmente), despues de la normalización de la bioquímica sucede la normalización de la serología (inmunidad, anticuerpos, defensas, etc), pero esto sucede despues de varios años, incluso cuando todo va bien, a la perfección.

Si no hay reactivación virica, la serologia tarda unos 5 6 años en normalizarse (aunque algunos parametros suelen declinar antes que otros); y, si tarda más, es que los virus, por alguna razon, tienen reactivaciones periódicas o permanentes.

No hay que sorprenderse de esta tardanza, pues la función ideal del sistema inmunitario seria la de durar siempre, para protegernos, como por ejemplo ocurre con los anticuerpos del sarampión, que son permanentes.

Remision de la 'Cama Viral' determinada por PCR:

Dejando aparte la polémica sobre las vias y frecuencias de contagio y re contagia, los virus se incorporan alas células (e, incluso, a su DNA), sean estos hepatotropos o no. Y, aun en el caso de curación (remision total) de la enfermedad, permanecen allí activos o latentes durante toda la vida del organismo. Esto siempre es así, para todos los virus que afectan a todos los seres vivos, como es de sobras conocido. No debemos sorprendernos, por tanto, de nos digan 'el virus está presente aún en el higado, o en el organismo', y no debemos dejarnos asustar por ello.

En los ultimos años se ha desarrollado y comercializado una sofisticada tecnica, la PCR, que multiplica millones de veces (e, incluso, indefinidamente) la más pequeña presencia de trozos de DNA viral. De ella se ha dicho que 'convierte una aguja en un pajar ...en un pajar de agujas'. Pero, por eso mismo, sus resultados (y, sobre todo, su interpretación (y, sobre todo, su interpretación cuantitativa)), son polémicos.

Mas que virus, lo que mide la PCR es la monstruosa amplificación de las fluctuaciones de la expresion extracelular de trozos o secuencias de DNA que se supone (sin fundamento) pertenece solo a un virus y, exclusivamente, a un sólo tipo de virus; en realidad, estas secuencias de DNA pueden aparecer también por micro contaminación, fragmentación de otros virus, stress celular, etc.

La identificación de trozos de DNA extracelular, aun en el supuesto de que sean inequívoca y eclusivamente víricas dichas partículas (viriones) pueden darnos la ilusión de que hemos identificado todo un virus intracelular; y, cuando se amplifica millones de veces, una fluctuación, por pequeña que esta sea, puede darnos la ilusión de cuantificación y, por lo tanto, de presencia real de un fenómeno estable.

Las cuantificaciones de la 'carga viral' realizadas actualmente por la PCR son recientes y polemicas: su propio inventor (Kary Mullis, premio Nobel 1993) desaconseja su uso cuantitativo. Probablemente sirven para dimensionar, muy aproximadamente, la existencia de ciertas categorias de particulas víricas e, indirectamente, el grado de stress celular y orgánico. No mucho más.

Esto es un avance, pero no hay que dejarse 'comer el coco' por estas recientes, sofisticadas, superespecializadas y polémicas técnicas. Aun así, nuestra terapia pretende, no precisamente anular la 'presencia cualitativa de DNA vira¡ en el organismo' (objetivo de por sí imposible), aunque sí disminuir hasta valores no significativos las dimensiones de esas medidas, es decir, de estos marcadores indirectos de stress hepatocelular.

La cuestion de las Biopsias hepáticas:

No recomendamos la realización de biopsias hepáticas (cruentas y no carentes de riesgos) para justificar cuantificaciones y documentaciones del mayor o menor grado de degeneración hepática del paciente; y esto porque el resultado, sea cual sea, no influirá significativamente en las decisiones terapéuticas y si, por desgracia, en la 'moral' del paciente poco informado.

Cada cierto numero de semestres, sin abusar, pueden ser realizadas, sin embargo, Ecografas y TACS hepáticos, que no son cruentos, si es que el interés científico (¡ya que no el terapeúticol) lo justifica; y si es que, de forma directa o indirecta, las especulaciones sobre los resultados no contribuyen a aterrorizar y desmoralizar al paciente.

QUE CABE ESPERAR DEL TRATAMIENTO DE UNA CIRROSIS

Continuando con el símil del incendio forestal, existen instrumentos muy eficaces para apagar los incendios; pero, por desgracia, no hay 'reverdecedores' milagrosos de la parte ya quemada: la parte del higado ya muerta y sustituida por 'fibra' y 'grasa' (grado de cirrosis) es de muy dificil, por no decir imposible, sustitución.

Evitar que un incendio forestal progrese es de por sí un gran logro, pero la parte del bosque ya quemada queda carbonizada y también es de muy difícil sustitucion: si no se desertiza la zona, se tardará todo un ciclo ecológico, varias decenas de años, para que unos nuevos árboles crezcan, y los pájaros vuelvan a anidar en sus ramas.

Cuando una hepatitis nos llega ya en estadio de cirrosis, lo que pretendemos es frenar e, incluso, detener definitivamente su avance. Este es un logro no pequeño pues, de lo contrario, la cirrosis acabaría con la vida del paciente en relativamente poco tiempo.

Pero los síntomas y capacidades de este paciente en el futuro dependerán mucho del grado del 'bosque carbonizado' que quedará después de lograr apagar el tan extendido incendio. Si el grado de hígado inservible sobrepasa los 4/5 del total, el paciente presentará desestabilizaciones periodicas, así que fuerce un poco su 'maquinaria hepática': el paciente debera llevar una dieta y una vida sumamente disciplinadas, carente de cualquier 'carga hepática', y precisará de dosis periódicas de adecuada fitoterapia que le sirvan de 'recuerdo'. Si el grado de fibrosis grasa se acerca a los 9/10 partes del total hepatico, el paciente presentará frecuentes ascitis, ictericias, prurito, etc. Cuando sobrepase el 90 %, entrará en insuficiencia y toxicosis hepáticas y, si no se remedia, en encefalopatia y coma hepáticos; y, de no compensarse, en muerte. La situación seria entonces grave, y requeriria una atención casi constante.

¿CÓMO SE CONSTRUYE UN ENFERMO DE HEPATITIS C?

Una persona pasa a ser un «enfermo de hepatitis C» si se cree al equipo médico hospitalario cuando le dice: «usted tiene la hepatitis C». Esta persona se lo cree porque confía en las titulaciones de los facultativos y en que el hospital tiene la tecnología más avanzada posible. A dicha persona, como que confía en lo que le dicen en el hospital, ni se le ocurre cuestionar nada, por lo que acepta
plenamente el diagnóstico y se marcha a casa convencida de que «tengo la hepatitis C».

Probablemente queda preocupadísima por ello, ya que le han dicho que la «hepatitis C es la más peligrosa», que «se cronifica en la mayoría de casos» y que «en una parte de ellos evoluciona hacia una cirrosis o incluso hacia un cáncer hepático». Y también probablemente se rompa su equilibrio psicosomático si existía, o se agudice su desequilibrio si ya estaba desequilibrado. Total, o empezará a encontrarse mal si se encontraba bien, o se
sentirá peor si ya se sentía mal.

Queda claro que, hasta ahora, la persona que va a buscar el resultado está indefensa, y es suave arcilla en manos de sus médicos.

Lo decisivo ahora es precisar cuándo un médico hospitalario le dice a alguien que tiene una «hepatitis C», y es lo decisivo ya que transmitir este diagnóstico es lo que en realidad crea un «enfermo de hepatitis C». Para que el médico se atreva a afirmar convencido que la persona que tiene en frente está «enferma de hepatitis C», la condición necesaria, y desgraciadamente casi siempre suficiente, es que haya dado positivo a un test que han hecho en el laboratorio a la sangre de dicha persona, y cuyo resultado el médico se limita a leer.

El médico tiene completa confianza en que el test indica de manera totalmente cierta si la persona es o no un «caso de hepatitis C», en que los científicos que han diseñado el test tienen todos los elementos necesarios para ello
(probablemente el médico ignora, por ejemplo, que el «virus de la hepatitis C» nunca ha sido aislado) y en que el laboratorio ha hecho impecablemente su trabajo (probablemente el médico desconoce que, por ejemplo, cada test suele tener distintos criterios de interpretación, y que con un criterio puede darse como positivo mientras que con el criterio de al lado sería dado como negativo).

En consecuencia, el médico se cree el resultado que le llega escrito, y asume la responsabilidad no siempre fácil de leerlo y transmitirlo al ya paciente. El médico probablemente no tiene idea -ni casi nunca le interesa ni se molesta en tenerla- de qué test se ha utilizado, cómo funciona, cómo se interpreta, de qué marca es, si está validado o no, etc. La mayoría de médicos no quieren
«complicarse la vida» y se limitan a «cumplir con su trabajo».

En muchas ocasiones, esto significa leer el resultado, transmitirlo mecánicamente y quedarse tan tranquilo... aunque la persona que ha recibido el diagnóstico se
marche sin saber dónde pisa. Y el médico a final de mes recibe su sueldo... probablemente mayor que el de los «enfermos de hepatitis C» que ha contribuido a fabricar.

Porque efectivamente es una fabricación de «enfermos de hepatitis C» lo que tiene lugar con estos mecanismos. Los tests se hacen de una forma tan abundante y sistemática (antes y/o después de una operación o de dar a luz, tras donar sangre,...) que ya se afirma que «la prevalencia de la hepatitis C es del 2% de la población», y que «casi un millón3de españoles están enfermos de hepatitis C»...

Además, sin quererlo, las víctimas de este engranaje contribuyen a consolidarlo.

Por un lado, ayudan a reforzar la creencia en la existencia de un «virus de la hepatitis C» y de sus supuestas «vías de contagio». En efecto, como que les has dicho y se han creído que «tienen hepatitis C» y que «el virus de la hepatitis C se transmite sobre todo por sangre y quizá por vía sexual», lo primero que hacen tras recibir el diagnóstico es buscar cuándo tuvo lugar «el contagio».

Revisan su historial médico -en particular, quirúrgico-, sus partos, sus transfusiones y, si hace falta, su historial sexual. Y como que casi toda persona ha pasado
por el hospital o ha tenido relaciones sexuales, la mayoría concluyen: «tuvo que ser entonces. Es la explicación más lógica». Aunque seguro que hay excepciones, es decir, supuestos «casos de hepatitis C» que nunca han sido operados, que nunca han recibido una transfusión de sangre, que nunca han dado a luz, que se casaron vírgenes y no han estado con otra persona que su pareja no «infectada»,
o que incluso aún son vírgenes. Son la encarnación viva de que la supuesta «hepatitis C» y su supuesto «virus de la hepatitis C» son artefactos de laboratorio, son construcciones ficticias, son hijos de la tecnología empleada y de las concepciones erróneas que presiden tanto la utilización como la interpretación de estas «técnicas tan adelantadas y sofisticadas».

Son la prueba definitiva de que la supuesta «hepatitis C» y su supuesto «virus de la hepatitis C» son el resultado de una serie de convenciones pseudocientíficas adoptadas
entre una serie de superespecialistas y algunos grandes laboratorios farmacéuticos4, convenciones que hacen suya acríticamente los científicos y médicos no especialistas, reproducen ciegamente los medios de comunicación masivos y, claro está, son creídos por la población. Confío en que estas víctimas pronto reaccionen, comprendan lo ocurrido, se atrevan a testimoniar y ayuden a terminar con este sinsentido.

Por otro lado, la mayoría de diagnosticados contribuye involuntariamente a crear la supuesta «gravedad de la hepatitis C». Al aceptar lo que se les dice, hacen suyo el pronóstico y, lógicamente, caen en desmoralizaciones, depresiones, etc. que pueden tener graves repercusiones en su salud. Y lamentablemente son medicadas con grandes cantidades de interferón que producen reacciones autoinmunes y perturbaciones del sistema nervioso, y también con peligrosísimos supuestos antivirales de entre los que son desgraciadamente utilizados en el
campo de «eso» llamado «SIDA».

Los estrés psicológico, emotivo y tóxico que esta
situación conlleva pueden tener graves consecuencias a medio plazo. Pero, claro, la responsabilidad es cómodamente atribuida al nunca aislado «virus de la hepatitis C»...

Pero resulta que el peligrosísimo tratamiento hospitalario es evaluado por medio de una denominada «carga viral» medida con la técnica PCR, que su propio inventor, el Premio Nobel de Química de 1993 doctor Kary Mullis, explica que no es apta para medir carga viral alguna, y menos de un virus que nunca ha podido ser aislado.

Como que lo que es interpretado como «carga viral del virus de la hepatitis C» puede disminuir tras empezar el tratamiento por razones que nada tienen que ver con el inexistente «virus de la hepatitis C», al paciente se le
dice que «el tratamiento le sienta muy bien» y que «ha mejorado» aunque en realidad casi siempre se sienta físicamente peor...

Y para que todo el invento «hepatitis C» tenga su lógica interna, se le esconde al «enfermo de hepatitis C» que el hígado es el único órgano humano que puede regenerarse al cien por cien. Por el contrario, se le hace creer que su hígado sólo puede ir a peor, y que es probable que le aparezca una cirrosis hepática o incluso un cáncer de hígado.

Así, si efectivamente ocurre que la persona empeora
como consecuencia de la medicación y de su desánimo, el «paciente» (¡nunca mejor dicho!) lo aceptará como consecuencia de «la actividad destructiva del peligroso
virus de la hepatitis C». E incluso pueda ser que aumente su confianza en el médico, que ya le había advertido de lo que ocurriría...

Entendidos estos mecanismos, no es difícil vaticinar que en la medida que más cientos de personas -en particular, mujeres- sean llamadas en Valencia a «hacerse las pruebas de la hepatitis C», inevitablemente una parte de ellas van
a dar positivo. Y ya habrá más víctimas, pero no del anestesista acusado sino de este siniestro pero rentable engranaje pseudocientífico-pseudomédico...

Barcelona, 4 de mayo de 1998.
Lluís Botinas (director de la asociación C.O.B.R.A.).
Notas:

La primera parte se titula ««Hepatitis C»: ¿verdad o manipulación?», fechada el 29 de abril de 1998.

El test puede interpretarse de distintas formas y puede indicar cosas varias, y basa su diagnóstico final en cómo se encuentra la persona, que es lo importante. La mayoría -tanto de especialistas como de no especialistas- hacen caso sobre todo al test. Es una vez más la confianza ciega imperante en una tecnología a la que se admira tanto
más cuanto más se la desconoce...

Es indicativo de que «algo huele mal en el tema de la hepatitis C» saber que en Alemania, con una población mas del doble que la española, se estiman menos casos que en el Estado español: unos 800.000. Y aún más que en los EE.UU., con tres veces más habitantes que Alemania, tiene «sólo» unos 270.000 «casos de hepatitis C»...

Cada vez más, estos superespecialistas son asalariados de dichos laboratorios. Y estas multinacionales farmacéuticas también financian las revistas científicas que publican las investigaciones hechas por los equipos pagados por los
laboratorios, con lo que el ciclo se cierra y la manipulación es aún más descarada.

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