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Hepatitis No A-No B?

Hepatitis C ¿Realidad o Invento?

Revista «Memorándum». Número 10, invierno de 1997/1998.
Sobre la medicina y la curación.

Por el Padre César Fernández de la Pradilla.

Doctor en medicina, experto en radiestesia médica y fitoterapia africana.

30 años en Burkina Faso.
20 años en la medicina africana.
200 chamanes consultados.
3.000 recetas recopiladas.
7 libros publicados.
366 plantas medicinales repertoriadas.

Una Medicina capaz de tratar eficazmente: hepatitis, cirrosis, ascitis, infecciones bacterianas, parasitosis, infecciones renales, pulmonares, sistema inmunitario... el
Padre César trabaja actualmente en el Estado español en colaboración con médicos, farmacéuticos y sociólogos.


Ya desde los años 80, al discutir entre colegas, teníamos muy claro que el origen de esta hepatitis era tóxico (alcohol), bautizado como HEPATITIS C porque, «finalmente», se habría descubierto el virus que la causa. Yo no soy
quién para pronunciarme sobre la autenticidad de ese supuesto virus. Me fío del reputado virólogo alemán STEFAN LANKA quien ha demostrado que el virus de la HEPATITIS C no existe. Lo que sí existe en ciertos organismos son proteínas estresadas, moléculas o trozos de ARN provenientes de múltiples virus, o lo que es más probable, de nuestro propio material genético estresado.

Los tests actuales no detectan ningún virus sino la presencia de ciertas proteínas anómalas que se interpretan errónea o tendenciosamente como pertenecientes a tal o cual virus. ¡Nada!, que es lo mismo que está ocurriendo con el SIDA: que no hay virus VIH y que los tests solo evidencian proteínas anómalas.

En general, cuando un paciente viene con un diagnóstico de HEPATITIS C, tiene una deficiencia hepática; pero a veces ni eso. No es el hígado el responsable sino los riñones, lo cual nos lleva a concluir que los tests hepáticos no son
tan fiables. Me imagino que el proceso es el siguiente:

Descubren en el «señor X» unas transaminasas elevadas
suponen que estas transaminasas vienen del hígado indagan por ver si se trata de una hepatitis A o B y ante la negativa concluyen que es la «C».

Digo esto porque hemos tenido varios casos diagnosticados de HEPATITIS C con transaminasas elevadas en los que hemos constatado el buen funcionamiento del hígado pero el mal funcionamiento de los riñones. Sin dar ningún tratamiento
para el hígado pero sí para los riñones, hemos constatado que las transaminasas se normalizan, lo cual nos lleva a concluir:

Que hay diagnósticos de HEPATITIS C erróneos, en el sentido de que el hígado carece de patología y, que unos riñones deficientes pueden hacer subir las transaminasas, lo que no se tiene en cuenta en la actual práctica médica.

En los pacientes de HEPATITIS C en los que constatamos una deficiencia hepática y renal con transaminasas elevadas, éstas no se suelen normalizar hasta que los riñones funcionen correctamente, a veces al cabo de varios meses.

Los médicos hospitalarios dirán a un paciente diagnosticado de HEPATITIS C que tiene un 20% de posibilidades de desarrollar una cirrosis y posteriormente un cáncer de hígado. Pero algún médico va más allá. Uno afirmó a uno de nuestros pacientes que desarrollaría una cirrosis y un cáncer. Este paciente nos confesó:

«Si no fuera porque soy creyente me hubiera suicidado ante ese veredicto».

Nosotros que tratamos con gente no solo del Estado español sino de América, África, Europa, todos nos dicen lo mismo:

«Me han diagnosticado una HEPATITIS C y el médico me dijo que podía degenerar en cirrosis y cáncer. Me hicieron una
biopsia y me dieron «interferon»».

Que todos los médicos del mundo reciten la cartilla uniformemente ante un caso de HEPATITIS C no es casualidad. Responde a una estrategia lanzada desde Estados Unidos para vender el «interferón» y pronto otro antivírico asociado.

Cada paciente que acepte el tratamiento ingresará en
las arcas de los «tan necesitados» Estados Unidos aproximadamente 45 000 dlls. al año.

¡Pero si realmente el «interferón» curara!, hace más de 10 años que se está utilizando y su eficacia en la HEPATITIS C está todavía por demostrar.

Por lo menos a los cientos de pacientes que nos visitan no solo no les ha ayudado sino que muchos sufren de sus efectos secundarios. Todos nos preguntamos:

¿Cómo es posible que un producto tan caro e inútil se mantenga en el mercado durante tanto tiempo?. La respuesta es fácil de encontrar. ¿Sabéis que los beneficios a los tratamientos de la HEPATITIS C superan ya 20 veces a los del sida?.

De seguir así, dentro de unos años media humanidad será declarada seropositiva respecto al virus de la HEPATITIS C.

Ya no interesará el SIDA como fuente de ingresos y por tanto podrá ir desapareciendo. Los débiles estados manipulados por las multinacionales tendrán que dedicar cada vez más fondos a sanidad... hasta que se produzca un «crack» o se descubra el fraude.

(A propósito de una hepatitis C).

Una paciente cuenta. Antes de comenzar he de decir que como esta señora no he encontrado muchas. Tiene la carrera de Magisterio pero no ejerce y enseña piano. Presenta buen
aspecto y aparentemente no se la consideraría enferma.

Sus síntomas son los siguientes: cierto cansancio; a veces cefáleas pasajeras; molestias en zona lumbar; dificultad en conciliar el sueño; hormigueos y manchas en piernas; dos dedos de la mano empiezan a deformarse.

En años pasados tuvo cistitis de repetición y litiasis.
Se le ha detectado una hepatitis C desde hace 15 años.

¡Pero si hace 15 años todavía no se había descubierto el virus C!, le dije. Bueno -respondió ella- entonces se le llamaba no A no B.

Ahora le diagnostican una hepatitis C crónica. Le propusieron hacerse una biopsia pero ella se negaba, intuyendo que no le iba a servir para nada. Ante los ruegos de su familia tuvo que ceder y someterse a ella y lo pasó muy mal. Juró que, en adelante, pasara lo que pasara, ya no se la haría más.

Después de la biopsia le propusieron el «interferón». Como consecuencia de la primera inyección tuvo una reacción brutal: todo el cuerpo se le hinchó y se le puso rojo, las manos se le agarrotaron, tenía dificultad en respirar y el corazón le latía tan fuerte que hasta acostada su cuerpo daba saltos al ritmo cardíaco. Tuvo que ser ingresada en urgencias.

Notificó lo sucedido a su médico, quien en vez de consolarla y animarla le riñó y la responsabilizó de lo sucedido por estar mentalizada que el «interferón» le sentiría mal.

Su médico le advirtió que el 20% de los casos se maligniza, que puede degenerar en cirrosis o en cáncer pero le respondió: «¿y por qué quiere Ud. que me sitúe en el grupo de los 20%?. Yo seré de los 80% y seguiré bien!».

No pudiendo recibir el «interferón» se le recomendó que estuviera en cama las 24 horas del día, a lo cual también se negó. «¿Cómo es posible que una mujer tan activa como yo, con cuatro hijos, y sin dolencias aparentes me quede
inmovilizada de continuo?. Entonces sí que me hubiera entrado una depresión a fuerza de pensar en mi estado y hubiera sido mil veces peor para mí!».

De mi reconocimiento he deducido que su problema no le provenía del hígado (¡oh, sorpresa!) sino de los riñones.

De hecho, los síntomas actuales apuntan más a una patología renal que hepática: molestia en zona lumbar, insomnio, hormigueos y manchas en piernas y deformación de dedos por una acumulación de toxinas que los riñones no han sido capaces de expulsar!

El tratamiento que recibe se encamina a remediar una deficiencia renal importante, probablemente desde hace muchos años. Le calculo que los riñones le funcionan al 50% en tanto que el hígado al 80%.

Conclusión: hay personas que a pesar de no tener una información especial, intuyen lo que les conviene. Ella no era favorable ni a la biopsia, ni al «interferón», ni a considerarse en los 20% de casos problemáticos. Ha adoptado
una posición optimista que la ha mantenido en buen estado relativo.

RIÑONES Y PATOLOGIA

¿Es la deficiencia renal la causa de toda enfermedad?. ¿O toda patología conlleva una sobrecarga renal que, a su vez, agrava la enfermedad?.

No lo sé exactamente. Sólo constato que el 94% de las personas que vienen a visitarse con nosotros por primera vez tienen los riñones deficientes (puede que también algún
otro órgano) y que a causa de ello se originan diversos síntomas, dolencias o enfermedades de todo tipo.

A medida que se van tratando los riñones con productos adecuados, los síntomas ceden y se va recuperando la normalidad orgánica.

En general estos pacientes vienen a consulta no porque crean que los riñones les funcionen mal sino por otras causas, que pueden ser: varices, asma, edemas, cefaleas, infecciones urinarias, hipertensión arterial, reuma, dolores abdominales, etc. etc. Y se sorprenden mucho al anunciarles que la culpa la tienen los riñones.

Pero como estas constataciones ya las he observado en
decenas de miles de pacientes, creo tener suficiente experiencia como para apoyar mis afirmaciones.

¿Cómo es posible, nos preguntan algunos, cuando no tengo ninguna molestia en los riñones y los análisis están normales?.

Efectivamente los riñones, así como el hígado, son órganos que no duelen y es difícil, de no estar advertido, percatarse que los síntomas que se van produciendo, generalmente en zonas no muy lejanas a la ubicación de los riñones, provienen del mal funcionamiento de estos órganos.

Por otra parte los análisis de laboratorio tampoco suelen descubrir una deficiencia renal al menos que no esté bastante avanzada. Los más comunes son la creatinina, la urea, y el ácido úrico.

Cuando estos parámetros dan elevado es que la función renal ya suele estar bastante degradada. No es raro entonces que
se le anuncie al interesado que con el tiempo tendrá que entrar en diálisis. El que la analítica renal dé normal no quiere decir que los riñones funcionen bien.

Nosotros constatamos este funcionamiento por radiestesia pero los terapeutas tienen posibilidad de apreciarlo también por otros métodos entre los que destacan, por ser más comunes, la iridiología, reflexología y kinesiología.

¿Por qué la medicina oficial no puede afinar en sus métodos diagnósticos y ser así más eficaz en sus tratamientos?.

¿Qué observamos cuando los riñones funcionan mal?.

Desvitalización de las zonas adyacentes: columna, nervio ciático, ovarios, matriz, vejiga, próstata... con los múltiples síntomas que ello puede acarrear.

Desvitalización de las piernas: cansancio, varices,pesadez, mala circulación, edemas, dolores especialmente en rodillas, hormigueos, sensación de frío... Afectación del plexo solar y a veces del cardíaco. Entre el estómago y la
arteria aorta se encuentra el gran plexo solar, constituído por un haz de nervios entrecruzados, formado por nervios del sistema neurovegetativo provenientes del simpático y parasimpático.

Cuando los riñones funcionan mal, aunque nosotros no nos percatemos, el sistema vegetativo si que lo nota y lo acusa produciendo sensaciones dolorosas muy variadas en esta zona de la «boca del estómago», de manera que tanto nosotros como los médicos creen que se trata del estómago.

Al hacer toda clase de pruebas, incluída la endoscopia, ven que los síntomas no provienen del estómago y se inclinaran a pensar que es de origen nervioso pero no lo relacionarán con los riñones.

Como este plexo tiene ramificaciones en todo el abdomen, puede acabar afectando al estómago y a los intestinos, produciendo gastritis, úlceras e incluso la enfermedad de Crokhn. A veces se puede sentir dolor o molestia a ambos lados de la parte superior del abdomen.

Alteración de la tensión arterial. El mal funcionamiento de los riñones hace que la cantidad de agua y sodio en sangre no sea el adecuado. En general, en casos de hipertensión es la cifra baja (presión diastólica) la que suele dar elevada.

Los dolores de cabeza suelen ser relativamente frecuentes.
Obesidad, celulitis. Por acúmulo de toxinas englobadas en las células adiposas o en quistes sebáceos, por ejemplo en las mamas. Afecciones en pulmones, garganta, faringe. Puede producir asma, bronquitis, tos, laringitis, rinitis, etc., debido a un esfuerzo del organismo por expulsar las toxinas circulando en sangre que los riñones son incapaces de expulsar.

Sensación de frío. Es un síntoma bastante generalizado. Se siente a menudo frío en pies, piernas o en todo el cuerpo. Un caso extremo es el de una señora que necesitaba ponerse durante toda la noche, no cualquier calor, sino el de una botella de butano, muy cerca de los riñones, lo cual le impedía dormir en la cama.

Afecciones de la piel. Puede darse picores, eccemas, granos, rojeces, etc. Anomalías en la orina. A veces se orina poca cantidad o por el contrario excesiva. Pocas veces o demasiadas. Orinas muy cargadas o demasiado claras.

El orinar demasiado o demasiadas veces es anormal. Ello supone que la función renal de reabsorción del agua no actua correctamente porque los riñones son un doble filtro. Filtran la sangre para eliminar las toxinas y después deben
reabsorver el agua; si esta función no es correcta se orina demasiado (o demasiado poco).

Sensación de miedo. Órganos sustitutorios. La principal función de los riñones es la de eliminar las toxinas del organismo contenidas en la sangre. Mil quinientos litros de sangre pasan diariamente por los riñones. Los desechos de la actividad celular van a la sangre para ser eliminados por los riñones y el hígado. Pero cada uno de estos dos órganos elimina toxinas diferentes, de manera que las deficiencias de los riñones no serán corregidas por el hígado.

¿Y qué sucede si los riñones, por su mal estado, no son capaces de eliminar todas las toxinas que llegan a sus filtros?. ¿A dónde van?.

Una parte de ellas queda en el torrente sanguíneo hasta que encuentre otro destino. Contribuyen a mantener una sangre de mala calidad (sangre «espesa, sucia») favoreciendo la hipertensión arterial y dañando así zonas sensibles, por
ejemplo, arterias coronarias (infartos), arterias cerebrales (cefáleas, hemiplejias). La mala circulación en piernas predispone a las varices, etc.

Pero el organismo hace todo lo posible por eliminar las toxinas de la sangre y al no poder salir por los riñones, forzará otros órganos por ver si por lo menos una parte puede ser expulsada.

A través de la piel: de ahí vienen los picores, los eccemas, las psoriasis, los forúnculos, las fístulas, las rojeces, la urticaria, los granos y otras dermatosis. La psoriasis tan temida, desaparece habitualmente con un tratamiento adecuado para los riñones.

A través del pulmón-garganta: de ahí las bronquitis, los catarros, la tos, la faringitis, el asma, las neumonías, etc. Una paciente nuestra curó de una tos de hacía ocho años, con un tratamiento adecuado para sus riñones.

A través de la regla: las mujeres fértiles pueden expulsar por esta vía cantidad de toxinas. Por ello después de la menopausia su estado general suele empeorar si los riñones no han sido tratados.

En los hombres, las hemorroides pueden jugar este papel.
A través del intestino: provocando diarreas. A través de otros órganos con orificios hacia el exterior: en oídos por medio de una otitis pueden salir bajo forma de pus. En los senos frontales, malares o etmoidales provocando sinusitis, siguiendo el mismo mecanismo. En la vejiga provocando cistitis.

Y otra parte de toxinas es depositada: En las células de grasa. Hay gente que dice engordar comiendo con normalidad.
Puede ser cierto. El organismo produce más grasa para poder englobar más toxinas que generan sus riñones perezosos. De aquí se deduce que un tratamiento adelgazante sólo es efectivo cuando todos los órganos funcionen perfectamente y en especial los riñones.

A veces se producen quistes sebáceos (de grasa) bajo la piel o en las mamas que tendrían la misma finalidad. En los cartílagos articulares, de preferencia en las extremidades, lejos de los órganos esenciales produciendo reumas por desgaste e inflamación de dichos cartílagos.

¿Qué daña a los riñones?

Alimentos: exceso de alimentos ricos en proteínas animales como la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos.

Exceso de azúcar industrial, ingerido directa o indirectamente en bollería, pastelería, repostería, etc.

Exceso de ciertos condimentos químicos, de grasas, de margarinas, de conservas, etc.

Bebidas: el agua clorada de la canilla, bebidas con azúcar, con gas o hechas con productos artificiales, bebidas alcohólicas, excepto los vinos tintos de calidad tomados con moderación en las comidas. El café, el té tomados en exceso.

Tóxicos: el tabaco y las drogas.

Medicamentos: la mayor parte de los medicamentos al ser expulsados por los riñones dañan a este órgano.

Productos tóxicos inhalados: fabricación o utilización de pinturas, fábricas donde se producen metales, plásticos, barnices y toda clase de productos químicos. Agricultores que inhalan los insecticidas con que tratan las plantas, etc.

Geopatías: de la tierra emanan radiaciones imperceptibles debidas a gases, aguas subterráneas, fallas, minerales, etc., que dañan a los que viven encima de ellas sobre todo cuando se permanece mucho tiempo en el mismo lugar (por ejemplo, durmiendo siempre en la misma cama). Estas energías dañan especialmente a los riñones.

Conflictos: las amenazas que provocan miedo afectan a los riñones.

Diversas patologías de los riñones.

Cuando el funcionamiento de los riñones deja que desear se pueden producir distintas patologías que las clasificaría por orden de frecuencia así:

Deficiencias: Los riñones funcionan mal porque están sobrecargados y no dan abasto en expulsar todas las toxinas de la sangre.

Intoxicaciones: Debidas a la ingestión de productos tóxicos, consciente o inconscientemente.

Litiasis: Producción de cálculos o «piedras».

Abcesos: Formación de una cavidad donde se almacena pus.

Esclerosis: Endurecimiento y falta de elasticidad de los tejidos renales.

Infecciones: Debidas mayormente a bacterias como estafilococos y las que producen la tuberculosis renal y la sífilis.

Para todas estas patologías hay tratamientos en las medicinas alternativas.

Padre César Fernández de la Pradilla.

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